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Vive más y gasta menos

CIUDAD DE MÉXICO.- Junio 18.- (SUN / Foto archivo El Informador).- Ayer cenaste unos tacos, desayunaste una torta de tamal y piensas en una hamburguesa para comer. Todos acompañados por el respectivo refresco y cigarro "para la digestión".

Te lo han dicho varias veces: necesitas ponerte a dieta porque tu sobrepeso se está convirtiendo en obesidad. Pero tú prefieres hacer oídos sordos y seguir comiendo como lo haces y durmiendo mal por quedarte viendo la televisión hasta tarde. Seguro lo que estás pensando es que hay gente que no se cuida y nunca se enferma, y que en cambio hay otros que se cuidan mucho y terminan enfermando y muriendo rápido, así que para qué empiezas a cuidarte hoy. Pero la realidad es que pensar eso es muy poco realista. Porque hay mucha evidencia científica que demuestra que cambiar los hábitos por otros más saludables sí disminuye la probabilidad de sufrir ciertas enfermedades.

Por ejemplo, fumar. Es de los peores hábitos y de los que causa más muertes a escala mundial. Si te decidieras a dejar de fumar a una corta edad —entre los 25 y 34 años— podrás ganar 10 años de vida, casi como si no hubieras fumado. Esto lo divulgó un estudio que mide los riesgos y los beneficios de dejar el tabaco, publicado en el "New England Journal of Medicine", el cual encontró también que incluso quien se decidió más tarde —entre los 25 y 44 años— ganó nueve años de vida.

Esta es sólo una muestra de que cambiar los hábitos puede ser la diferencia entre vivir o morir. Pero, ¿qué sucede si no te decides y sigues fumando? Pues el riesgo de muerte aumenta significativamente. En el mejor de los panoramas, pensar en una muerte rápida puede ser especialmente tranquilizador, pero el problema de estos malos hábitos es que el final suele llegar después de haber sufrido alguna enfermedad causada por estos mismos comportamientos.

Si pensarte enfermo en un futuro es lo suficientemente abstracto para no hacerte reaccionar, agreguemos otro aspecto clave: el bolsillo. Y éste sufre, y mucho, cuando te enfermas. Si tienes seguro, tu prima subirá. Y si no lo tienes y te enfermas de algún padecimiento crónico, ten por seguro que tu cartera sufrirá, también de manera crónica. Y las enfermedades son más frecuentes conforme se va envejeciendo.

Partiendo del supuesto de que no tuvieras seguro médico, las enfermedades pueden costar mucho dinero. Sólo para que te des una idea: de acuerdo con un estudio publicado en la "Gaceta Mexicana de Oncología", el costo promedio de un cáncer de mama fue de 60 mil 372 pesos (casi 4 mil 800 dólares de 2009, a un tipo de cambio promedio de 12.57 pesos). Hoy la cifra subiría a más de 86 mil pesos. Pero esto es sólo un promedio, porque la atención total —la suma de costos de cirugías, radioterapias, quimioterapias, hospitalización, consultas médicas— puede elevarse mucho pero mucho más.

¿Por qué hablar de un panorama como éste? Porque es posible prevenirlo. Tanto las enfermedades —mejorando los hábitos de vida— como el poner en juego o perder un patrimonio por no tener un seguro médico, son circunstancias que pueden prevenirse, y que al final sale más barato que no hacerlo.

Hablemos de las afecciones crónico-degenerativas —como la diabetes, sobrepeso y obesidad—, las más comunes en México y las que cuestan más al sistema de salud. Todas son prevenibles. En el caso de la diabetes, por mencionar un ejemplo, está correlacionada al aumento de la obesidad, sobrepeso y otras condiciones como la hipertensión. Si bien estas enfermedades pueden estar acompañadas de predisposición genética, en nuestras manos hay mucho qué hacer. "Todo es culpa de los malos hábitos. Si nosotros comemos bien y hacemos ejercicio, aunque tengamos tendencia genética a enfermedades como diabetes, hipertensión y las enfermedades cardiacas, no nos tiene por qué dar", explica la nutrióloga Raquel Pérez de León, y asegura que en nuestras manos está cambiar los factores de riesgo que son modificables. Los hábitos alimenticios, hacer ejercicio o dejar de fumar, por ejemplo.

"Lo que tenemos que hacer es promover en la gente cambiar los factores de riesgo que sí se pueden cambiar, y mucho es el ejercicio y la alimentación", asegura la nutrióloga. Dentro de los buenos hábitos se encuentra la buena alimentación, la realización de ejercicio físico, los chequeos periódicos de salud, dormir lo suficiente, dejar de fumar.

La necesidad de transformarse

El cambio de hábitos es imperativo para disminuir la probabilidad de enfermarse y un seguro médico es esencial para enfrentarse a un padecimiento sin perder el patrimonio. Pero no es suficiente. Es necesario prepararse también con un fondo de emergencia que te permita afrontar las necesidades en efectivo que se presentan en el caso de que un padecimiento grave o crónico.

"Aun teniendo un seguro ilimitado de gastos médicos, se necesita tener efectivo para enfrentar esos gastos y que luego te lo reembolsen. No sólo tener una póliza de gastos médicos te asegura que vas a estar completamente cubierto", explican expertos.

Es importante tener en cuenta siempre que atender un padecimiento a tiempo eleva las posibilidades de salir bien librado de éste —además de que es más barato—, por lo que realizarte chequeos periódicos es un hábito necesario.