Puntos de Vista

Todos grises

(Exonline / YURIRIA SIERRA)

La precampaña dejó de ser tema estricto de los partidos y sus procesos, se volvió tema de agenda nacional, arropado por una ley que se los permite. Engaño total

José Antonio Meade viaja en vuelo comercial. José Antonio Meade se sube a un autobús. José Antonio Meade se toma un helado. Ricardo Anaya usa Google Hangout. Ricardo Anaya contesta mensajes en Facebook. Ricardo Anaya toca un palomazo con Juan Zepeda. Ricardo Anaya habla inglés y francés. Andrés Manuel López Obrador se hace una limpia. Andrés Manuel López Obrador come tacos de barbacoa en “El Carnalito” porque “no es pirruris”. Andrés Manuel López Obrador carga energías en Chichén Itzá. Mikel Arriola se sube al Metro. Mikel Arriola vende calzones en Tepito. Mikel Arriola corre en Chapultepec. Alejandra Barrales va a una posada. Alejandra Barrales recuerda sus años como sobrecargo. Salomón Chertorivski baila cumbia.

En eso podemos resumir las últimas dos semanas de precampaña. Yo estaba fuera de este México que quiero tanto. A lo lejos seguí día a día la evolución de un proceso que desde antes de iniciar se antojaba complicado. Pero no había nada que estimulara más allá del absurdo. Si bien, algunas declaraciones entre los aspirantes a la Presidencia y la Jefatura de Gobierno sobresalieron en estos últimos quince días; en realidad, no ha habido nada distinto a la construcción de personajes basados en los más elementales trazos. El punto ha sido tal, que incluso sabemos que Juana Cuevas, esposa de José Antonio Meade, fue al súper a comprar la cena de Año Nuevo. La precampaña es gris, no se ha perfilado como un proceso que pondere el futuro y la construcción de éste. Ha sido sólo la confirmación de que nuestros políticos son expertos en hacer que las leyes funcionen para ellos, aunque no sepan ni para qué. O más bien, para demostrarnos que aún sabiéndolo no les importa.

Hace un par de semanas, Alejandro Hope hacía una rigurosa reflexión en su espacio en El Universal. En ella, además, hizo un llamado para detener la precampaña hasta que ésta tuviera un formal real, un propósito. Y es que, escribió, este momento que vivimos es pura pantomima: el tiempo de precampaña se diseñó para que cada partido tenga sus procesos internos y designen a sus aspirantes; pero —oh, sorpresa— ninguno tendrá una elección interna como tal, en todos hay un solo candidato, todos tienen la candidatura en la bolsa. Por eso es que vemos a José Antonio Meade, Ricardo Anaya y Andrés Manuel López Obrador recorriendo el país y saludando a sus respectivas militancias como se hace en tiempos de campaña. Eso sí, haciendo a un lado las propuestas, sólo dando declaraciones incendiarias. Desde la amnistía hasta la defensa de la Ley de Seguridad Interior. La precampaña dejó de ser tema estricto de los partidos y sus procesos, se volvió tema de agenda nacional, arropado por una ley que se los permite. Engaño total. Más aún, porque ni así han logrado sumar temas y debates. Todos le huyen a las preguntas incómodas. AMLO se dedica a la descalificación. Meade se nota incómodo en los eventos proselitistas. Anaya de plano decidió guardarse y apenas ha realizado un par de eventos públicos, lo demás —que ha sido poco— lo ha hecho en redes. Los candidatos usan estos días para realizar una gris propaganda. No hay nada más allá de su proyección en los varios millones de spots que el INE les autorizó, aunque aparenten que siguen las normas, “como ya saben quién...”, según reza la publicidad de uno de los precandidatos que no quiere usar su nombre para “cumplir con la ley”.

La precampaña inició hace pocas semanas, y no podemos decir que ha sido un generoso ejercicio político, al menos no para los electores, quienes, como cada elección, quedamos atrapados en la avalancha de spots, discursos y cuanta cosa se les ocurra a los partidos para vendernos a sus candidatos.

 

Pero tan gris ha sido esto, aún con la trampa de la que hablaba Hope sobre los tiempos de campaña, que no han sido capaces de conectar con los electores con ideas y propuestas a la altura de los tiempos que nos esperan, de los retos que tenemos por delante. Sólo tenemos detalle de qué y con quién comen; de cómo viajan; de cómo se ven tocando el teclado. Sin importar su partido, ya sean tricolores, azules o vino, hasta hoy sólo hemos visto que todos están igual de grises...