Puntos de Vista

Digan lo que digan, preparémonos para lo peor

(Exonline / ÁNGEL VERDUGO)

Hoy, 50 años después, el mundo es otro, se entiendan las causas o no de las grandes transformaciones que están frente a nosotros

La euforia que estos días de regalos y fiestas, abrazos y mejores deseos tienden a generar, aunque pase inadvertido para casi todos, produce un efecto perverso que no debería pasar inadvertido. Como consecuencia de él, tendemos a pensar y vivir exclusivamente en el presente, y dejamos de lado el hecho de que en unos días volveremos a la realidad.

Es difícil, lo acepto, despojarse de la idea perversa de que la vida es así: comidas y reuniones y cero preocupaciones; de gastar y gastar sin pensar en el cómo pagar, y menos con qué pagaremos tanto gasto realizado a crédito.

Sin embargo, por encima de esa propensión natural de las personas —casi sin distingo alguno— a dejar de lado la realidad —así fuere por unos días—, jamás deberíamos olvidar que la vida es más sinsabores y dificultades, obstáculos y fracasos, que un proceso continuo inacabable, de días de fiesta y regalos para todos y de todos.

De esto, en pocos días quedará sólo un recuerdo, las más de las veces borroso. La vida pues, desde siempre y más en los tiempos que corren, es agitada y llena de riesgos de todo tipo, tanto para la salud personal como para la integridad física consecuencia natural esto último, de la delincuencia y su impunidad las cuales, a querer y no, ya son parte del paisaje, tanto en México como en amplias regiones del planeta.

El mundo pues, no es ya lo que solía ser en decenios idos los cuales, por una inclinación natural a ver todo rosa, los llamamos época dorada. Todo se veía bonito y promisorio; sin embargo, por más aislado que estuviera un país y por más cerrada que fuera su economía, la ilusión volaba y los sueños se sucedían sin límite alguno.

Hoy, cincuenta años después, el mundo es otro, se acepte o no y se entiendan las causas o no de las grandes transformaciones que están frente a nosotros. Si bien sería una estupidez negar que en muchos aspectos —en verdad, muchos—, el mundo vive en términos materiales increíblemente mejor que en aquella época dorada, los nuevos problemas —impensables todavía hace unos pocos años—, son hoy una amenaza real, si no para los avances materiales, sí para la estabilidad política y la certidumbre económica.

Una revisión somera de la situación que priva en no pocas regiones del mundo debería llevarnos, de inmediato, a pensar que este año será, por lo menos, complicado y complejo.

Intentar ver las cosas de otra manera sería una grave irresponsabilidad. Lo sería, no únicamente para gobernantes y sus funcionarios, para congresos y parlamentos y sus integrantes y para los partidos políticos y sus dirigencias —en los países donde el juego democrático es regla—, sino también para los autócratas que gobiernan en algunos países del planeta con un total desprecio por los derechos humanos más elementales.

En varias zonas de importancia geopolítica, la paz hoy en día está prendida con alfileres; esperemos que, quienes por su incapacidad para entender las causas de problemas graves y complejos se dejan llevar por ocurrencias y bravatas de cantina, hagan un alto en el camino y escuchen a sus asesores y a los especialistas.

También, esperaríamos que los desquiciados que a costa de la miseria de sus pueblos han logrado hacerse de armas que en sus manos son un peligro para todos, hicieren un alto en el camino y cambiaren su discurso de amenazas apocalípticas las cuales, no obstante ser más bravatas que realidades, el blanco de aquéllas podría tomarlas en serio.

Por todo lo anterior, estoy convencido que lo menos que debemos hacer en México, es ver las cosas objetivamente y prepararnos para lo peor. De concretarse este escenario, no nos tomaría por sorpresa; por el contrario, al no prepararnos y darse, la debacle sería lo único que nos esperaría.

 

Pensemos un poco en el tema, aprovechando que la temporada de futbol apenas empieza.