Puntos de Vista

Odisea espacial

(Exonline / PASCAL BELTRÁN DEL RÍO)

Como hace mucho tiempo no ocurría, periódicos de todo el mundo coincidieron en publicar en sus portadas el despegue de un cohete espacial, el Falcon Heavy, que a muchos hizo evocar la época en la que la humanidad soñaba con la conquista del universo.

Aunque fue una carrera impulsada por la competencia entre Estados Unidos y la Unión Soviética en el contexto de la Guerra Fría, lo que se atestiguaba hace medio siglo era el cumplimiento de la fantasía que alimentó las novelas de Julio Verne.

Es muy probable que la generación millennial desconozca o no valore las travesías de la perrita Laika y de Yuri Gagarin, ni tampoco le emocione la hazaña de Neil Armstrong cuando pisó la Luna. En todo caso, sus referentes más próximos serán cinematográficos, desde el héroe infantil Buzz Lightyear hasta la saga de Star Wars.

La ilusión de extender la civilización humana más allá de la Tierra parecía abandonada. La pulverización de una de las superpotencias quitó incentivos a una inversión científica que se benefició de aquella pugna de alcance global. Las nuevas prioridades de la política, muchísimo más terrenales, fueron restando recursos a la exploración de nuevos mundos, muy costosa de por sí.

Pero la historia parece reescribirse de nuevo y tiene un protagonista estelar, en el doble sentido de la palabra, el literal y el mediático.

El personaje se llama Elon Musk, de apenas 46 años de edad, y es muy célebre en los medios empresarial y tecnológico gracias a sus inversiones en la industria automotriz y aeroespacial por medio de las empresas Tesla y SpaceX, respectivamente.

Con formación académica en física y economía, Musk ha sabido combinar conocimiento especializado y buen instinto empresarial, aderezados por una personalidad extravagante muy propia de los tycoons de Silicon Valley.

Quienes han seguido la trayectoria de Musk lo describen como la personificación real de Iron Man, una comparación que él mismo alimentó cuando hizo un cameo en la segunda entrega cinematográfica del superhéoe de Marvel, en la que saluda a su alter ego Tony Stark.

Y aun cuando ha tenido apariciones breves en series populares como The Big Bang Theory, Musk no goza aún del reconocimiento masivo que sí tuvo Steve Jobs, con quien también se le suele comparar frecuentemente.

El hito alcanzado el martes con el lanzamiento del Falcon Heavy le dará una visibilidad que vuelve oportuno revisar una de las más completas semblanzas escritas sobre el emprendedor de origen sudafricano, y que está disponible desde hace unos meses en español.

Se trata del libro Elon Musk: el creador de Tesla, Paypal y SpaceX que anticipa el futuro, del periodista Ashlee Vance, publicado en México por Paidós. La lectura del capítulo titulado “Despegue” ayuda a dimensionar los méritos logrados con el lanzamiento del Falcon Heavy.

Por supuesto, llamó mucho la atención la ocurrencia –muy propia de la personalidad de Musk– de que el cohete transporte en su interior un automóvil Tesla Roadster y que éste a su vez lleve adentro un muñeco vestido de astronauta, nombrado Starman en homenaje a la canción de David Bowie.

Pero la verdadera relevancia de SpaceX es la forma como está renovando una industria aeroespacial que Estados Unidos había relegado a un segundo plano, al grado tal de que depende de Rusia para el envío de astronautas a la Estación Espacial Internacional.

Tanto este último país como China mantienen una cierta hegemonía en la colocación de satélites al servicio de gobiernos y empresas, a pesar de que emplean tecnologías vetustas que datan de los años sesenta.

La gran aportación de SpaceX, como bien apunta Vance, es incorporar los mayores avances científicos en la materia, orientados sobre todo a la reutilización de los cohetes mediante la recuperación de sus propulsores. Una idea en la que casi nadie creía, que anteayer Musk mostró como una realidad  y que, de prosperar, abaratará considerablemente este mercado.

 

Quién sabe hasta dónde llegue la nueva carrera espacial que también se propone, como en la canción de Bowie, responder la interrogante de si habrá vida en Marte. Pero, por lo pronto, parafraseando la letra del rockero británico, Musk logró ya su best selling show.