Puntos de Vista

El hombre que venció al sistema

(Exonline / JOSÉ RUBINSTEIN)

Indudablemente, la característica más descriptiva de Andrés Manuel López Obrador es la perseverancia. El próximo Presidente de México, incansable peregrino a lo largo y ancho del territorio nacional, se supo sobreponer a dos sucesivas derrotas en pos de la gubernatura de Tabasco, a otras dos como candidato a la Presidencia de la República, así como a un infarto, logrando constituir su propio partido político, bajo cuyo emblema, en apenas cuatro años, se proyectó a la triunfal candidatura por la Presidencia de la República. La tercera fue la vencida, más bien, la vencedora.

Proveniente del PRI, López Obrador se adhirió al Frente Democrático Nacional en 1988, postulado ese mismo año candidato al gobierno de Tabasco. Tras ser derrotado, López Obrador solicitó la anulación de dichos comicios, argumentando un cúmulo de anomalías. En 1994 intentó nuevamente gobernar Tabasco, apoyado por el PRD, perdió la elección y también impugnó la legitimidad de los comicios, llamando a la resistencia civil, marchando al Distrito Federal, demandando anular las elecciones, bloqueando las instalaciones de Pemex, además de organizar un plantón permanente en la Plaza de Armas de Villahermosa. De 1996 a 1999, López Obrador se desempeñó como presidente del PRD, periodo durante el cual el partido del Sol Azteca ganó por primera ocasión la jefatura de Gobierno del DF con Cuauhtémoc Cárdenas. López Obrador libró el escollo que le hubiera impedido contender por la jefatura de Gobierno del DF, por su controvertida credencial de elector de Macuspana, nuevamente apoyado por el PRD. López Obrador, esta vez logró su propósito, gobernando el Distrito Federal a partir de diciembre del año 2000.

Siendo jefe de Gobierno del DF, López Obrador enfrentó un absurdo proceso de desafuero alentado por el gobierno Federal —léase Vicente Fox— por su presunta participación en un asunto menor, relativo a la construcción de una calle en el paraje El Encino, expropiado tiempo atrás en Santa Fe. Esa necedad le costó el cargo al procurador General de la República, el ridículo al gobierno de Fox y a López Obrador lo encumbró. En 2006 perdió por escaso .56% la Presidencia de la República ante Felipe Calderón. Su airada inconformidad lo impulsó a rebelarse contra las instituciones, instalando un plantón de Reforma a la plancha del Zócalo, a lo largo de 48 días. Precisamente en el Zócalo, López Obrador fue proclamado presidente legítimo de México. En 2012 fue nuevamente derrotado en su propósito presidencial, esta vez con diferencia superior a 3 millones de votos a favor de Enrique Peña. López Obrador impugnó la elección, comprada y financiada ilícitamente.

En septiembre de 2012, tras 23 años de militancia en el PRD, Andrés Manuel López Obrador renunció a éste: “Estamos a mano y en paz”. El aparente motivo de tal decisión fue la adhesión del PRD en la firma del Pacto por México. Sin embargo, las fechas no cuadran, el Pacto se firmó en diciembre de 2012.

López Obrador ha navegado por varias décadas en las turbias aguas de la política nacional, contrapunteándose con un inmutable sistema que en todo momento lo desdeñó sin concederle mayor oportunidad y a cuyos cabecillas en su abierto estilo personal, el tabasqueño llama mafia del poder; añadamos el calificativo a ciertos empresarios de voraces y rapaces. López Obrador, sabedor de su personal capital político, fundó Morena, el Movimiento Regeneración Nacional. Se dice pronto, pero, si fuera fácil crear un partido político, cuántos existirían. En apenas 4 años, Morena ha teñido de guinda gran parte del territorio nacional, logrando mayoría en 31 de las 32 entidades federativas, imponiéndose López Obrador por mayoría absoluta —53.1%— en la Presidencia de la República, ganando en 5 de 9 gubernaturas disputadas, obteniendo absoluta mayoría en las Cámaras legislativas, así como en los congresos estatales, en las alcaldías y en la jefatura de Gobierno de la CDMX.

El instinto de conservación sugiere ser realista y práctico. Por lo pronto, en franca señal de relevo institucional y democrático, el presidente Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador sostuvieron una aparente cordial y fotografiada reunión, anticipo de una ordenada transición. Asimismo, López Obrador se reunió con la cúpula empresarial en un ambiente cordial y optimista, con todo y besamanos y “espontáneas” sonrisas, comprometiéndose públicamente a concertar el programa Jóvenes Construyendo Futuro, consistente en dar empleo y capacitación a 2.6 millones de jóvenes, quienes recibirán cada quien 3 mil 600 pesos mensuales proveniente del gobierno.

Andrés Manuel López Obrador obtiene la confianza de una esperanzada ciudadanía receptora de un rosario de promesas; sería imperdonable fracasar, incurriendo precisamente en fallas similares a las reprochadas al actual régimen.

 

Ahora a convencer.