Puntos de Vista

¿La pichicatería nos hará avanzar?

(EXonline / ÁNGEL VERDUGO)

La baja calidad de nuestra clase política ha quedado hoy, por si hubiera habido alguna duda, evidenciada hasta la saciedad. Dicen por ahí, que los problemas pequeños son para la gente pequeña. En pocas ocasiones ha sido mejor y más claramente demostrada esta verdad —casi axiomática—, que en los tiempos actuales; específicamente, en estos últimos tres meses.

Lo exhibido por la mayoría en ambas Cámaras del Congreso de la Unión —la cual ostenta Morena y los partidos rémoras que le acompañan— ha sido ejemplo ilustrativo de los extremos que puede alcanzar una gobernación que ve el gobernar como si fuere administrar un monedero. Al escucharlos discutir minucias frente a los graves problemas del país, me parece ver a una señora en el mercado esculcar su monedero, para encontrar las monedas que le permitirían pagar tres tomates, una cebolla y dos chiles serranos con qué preparar una salsa.

La pequeñez y la pichicatería en toda su expresión. El Diccionario de la Real Academia considera, que pichicato y cicatero son sinónimos, y la primera acepción del segundo adjetivo es: Mezquino, ruin, miserable, que escatima lo que debe dar.  La segunda: Que da importancia a pequeñas cosas o se ofende por ellas.

Jamás imaginé que habría un adjetivo que reflejare tan precisa y, claramente, la concepción que de la gobernación tienen López y sus legisladores. Qué forma de trivializar lo que debería, más que en otras coyunturas enfrentadas en los últimos cinco decenios, ser una forma responsable de gobernar. Miente hoy quien afirme, que esto que vemos llegará a buen fin.

Pienso que nadie en su sano juicio puede —menos debe— estar a favor de los privilegios y recursos mal habidos en el desempeño de un trabajo; esto, por supuesto, incluye a legisladores —tanto del Congreso de la Unión como de los Congresos de los estados— y a funcionarios y gobernantes. De esto no debe haber duda alguna. Sin embargo, acabar con los privilegios y estructuras salariales alejadas de lo que debe ser un ingreso razonable, es algo que jamás debemos confundir con lo que es y significa una gobernación responsable e inteligente. Centrarse en querellas burocráticas como sustituto de la gobernación evidencia, además de una ignorancia de lo que significa gobernar responsablemente y con visión de futuro, una pequeñez que privilegia los detalles, para dejar de lado lo central, lo fundamental.

Las muestras de pichicatería que nos han obsequiado los legisladores de Morena, al hacerse eco de planteamientos desarticulados y demagógicos de quien asigna a los sueldos de miseria un acto purificador dejan ver, además de una abyección que debería avergonzar al Poder Legislativo, una ignorancia total de la realidad de los mercados laborales del país en las condiciones actuales.

Flaco favor se le haría al país y su futuro si los legisladores, en un falso e hipócrita y demagógico afán justiciero, lo único que dejaren ver de su pensamiento, es que son mezquinos, ruines, miserables, que escatiman lo que deben dar y, por si faltare algo, nos demuestran que dan importancia a pequeñas cosas o se ofenden por ellas.

Gobernar un país como México, economía 15 del mundo por el volumen de su PIB y participante destacado en las grandes corrientes del comercio exterior, difícilmente avanzará en su modernización con legisladores y gobernantes que piensan —y actúan en consecuencia— que manejar las finanzas públicas es administrar un monedero.

Tan malos son los grandes sueños de opio como la pichicatería del miserable, del avaro; a éste, lo único que le interesa es escamotear a los otros lo que justamente les corresponde. Así, con esta visión, no hay país que pueda avanzar, modernizarse y sentar las bases de un mejor futuro para todos.

 

Exhibamos pues a pichicatos, frustrados y envidiosos del que se ha calificado y ha probado ser, además, un funcionario público capaz.