Puntos de Vista

Mariguana: consumo y prevención

(Exonline / PASCAL BELTRÁN DEL RÍO)

La semana pasada, la Suprema Corte completó los cinco amparos necesarios para generar jurisprudencia obligatoria a nivel nacional respecto de la inconstitucionalidad de las normas que prohíben el consumo de mariguana con fines recreativos.

A partir de las últimas dos sentencias aprobadas en esta materia, cualquier persona que solicite un amparo recibirá el permiso de cultivar esta droga para su uso personal, sólo debiendo limitarse de no consumirla frente a menores de edad ni en presencia de personas que le soliciten no hacerlo.

La cantidad de la droga que una persona pueda poseer para ese fin será determinada pronto por la Cofepris, que también deberá encontrar una vía para que quienes cuenten con el amparo puedan adquirir legalmente semillas para su producción.

De este modo, es cuestión de tiempo para que la mariguana se vuelva una droga de curso legal en México, sujeta sólo a regulación sobre su producción, almacenamiento y consumo, como sucede con otras sustancias que alteran el sistema nervioso central, como es el alcohol.

Hay quienes esperan que esto ayude a disminuir los niveles de violencia en el país. Aunque no estoy totalmente convencido de que eso ocurra –por lo menos en los niveles que algunos han predicho–, me sumo a ese deseo expresado por muchas personas.

Un efecto más cierto de la virtual despenalización del consumo de mariguana será el incremento del uso de la droga. Ese ha sido un fenómeno que se ha visto en lugares donde ha ocurrido la despenalización.

Por ejemplo, en Colorado, Estados Unidos, donde el consumo y la comercialización de la droga se legalizó en 2014, el porcentaje de adultos que la usa diario subió de 6.4 en 2016 a 7.6 en 2017, de acuerdo con datos del Departamento de Salud Pública del estado. Asimismo, el porcentaje de adultos de 18 a 25 años de edad que consume mariguana ocasionalmente subió de 25.2 a 29.2.

Por supuesto, a diferencia de Colorado, México no está todavía contemplando despenalizar la comercialización de la droga, pero tampoco debe descartarse un incremento en el consumo, lo cual puede presentar un reto para las autoridades desde el punto de vista de la salud pública.

En el caso del alcohol, el trabajo de prevención para limitar su consumo no ha funcionado.

Habrá que ver por qué es. Puede ser que se trate de un gasto público insuficiente en la materia.

Lo cierto es que México ha visto incrementarse el consumo de alcohol, sobre todo entre menores de edad y mujeres, de acuerdo con estadísticas oficiales.

Las enfermedades que son producto del alcoholismo ya son la cuarta causa de muerte en México, según datos del Inegi. En 2016, más de 14 mil personas perdieron la vida por enfermedad alcohólica del hígado.

Pero el alcohol no sólo mata por cirrosis hepática. De acuerdo con la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros y el Consejo Nacional para la Prevención de Accidentes, unas 24 mil personas pierden la vida cada año en accidentes viales relacionados con el consumo de alcohol y de éstas, más de cinco mil son jóvenes que conducían en estado de ebriedad.

Asimismo, una buena parte de los embarazos de adolescentes –que han ido al alza en el país– tiene que ver con el consumo de alcohol, que ha comenzado a darse desde edades tan tempranas como los 10 años.

Está claro que en el caso del alcohol la prevención no ha funcionado. ¿Funcionará en el de la mariguana?

En este espacio me he declarado contrario al prohibicionismo. Creo en el derecho de los adultos de decidir qué consumen. Pero tampoco me hago tonto. No todos tienen la misma información, por lo que ese derecho funciona de una manera en algunos adultos y de otra manera en otros.

Por eso es necesario que las autoridades se adelanten a la despenalización de la mariguana que va a venir, con poderosas campañas de prevención.

Me preocupa que en medio del debate sobre la despenalización se ha colado –voluntaria o involuntariamente– el mensaje de que la mariguana es inocua. No lo es, y la Organización Mundial de la Salud lo sabe y lo ha difundido desde hace décadas.

Es un error decir a los jóvenes que “la mariguana daña menos que el alcohol”. Es probable que así sea, pero eso no quiere decir que sea inofensiva. La frase anterior parece una invitación a consumirla.

Nuevamente, mi postura no es prohibicionista, sino apela a la responsabilidad de los adultos en este tema, especialmente de las autoridades.

 

Un Estado responsable debe difundir información completa y precisa sobre los daños que produce el abuso de sustancias como la mariguana y los riesgos, de todo tipo, que se corren al consumir esa droga.