JOSÉ BUENDÍA HEGEWISCH

El tiempo es inflexible, más si la duración está sujeta a cumplir con un acuerdo migratorio que tiene existencia finita. El país está suspendido en ese trance al menos 45 días. El gobierno ha ganado tiempo a la amenaza de sanción de Estados Unidos, pero la coyuntura lo deja como rehén del gatillo arancelario de Trump.

Él sólo pierde tiempo si los mexicanos incumplen con sus compromisos, y si acaso electores, aunque ahora podrá arrancar su campaña a la reelección con la “cabeza” descuajada del paradigma migratorio de la 4T y la promesa de que México hará lo que sea para conjurar el “demonio” de la migración.

Los golpes de realismo político como el propinado por Trump no dejan lugar al idealismo ni a creer que, con tiempo y labia, la situación se estabilice o regrese al estatus anterior en la relación bilateral. ¿Es vigente el discurso de apaciguamiento de López Obrador? Las palabras se disipan en el tiempo, como dijo Trump a Ebrard al exigir “acciones” para detener el flujo de migrantes de su frontera sur y hacerse cargo de los que devuelva EU. Ahora, la pregunta es ¿qué va a hacer el gobierno mexicano con los 90 días que consiguió antes de que regrese el hacha arancelaria con que Trump chantajea para socavar los términos del comercio internacional o intervenir en asuntos internos de México como es el caso de su política migratoria?

“Es un desafío interesante que en tres meses podamos acreditar que es posible atemperar el fenómeno migratorio”, dijo López Obrador al presentar a la comisión que se encargará de amurallar la frontera con seis mil efectivos de la Guardia Nacional, negociar diques migratorios con Centroamérica, un plan de vivienda en la frontera norte para migrantes devueltos e infraestructura en el sur para migrantes que permanezcan en México con solicitud de refugio. ¿Es esto suficiente para bajar la migración en 45 días antes de analizar el estatus de tercer país seguro como incluye el acuerdo? ¿Esto vale para demostrar a EU que la migración se resuelve si se atienden las causas (pobreza, empleo, etcétera), como ha ofrecido AMLO, en 45 días? ¿Estamos listos para ser tercer país seguro?

Trump ha dado el beneficio de la duda, después de ganarlo casi todo. En algún sentido materializó su vieja amenaza de que México pagará por el muro, puesto que de entrada destinaría cinco mil o nueve mil millones de pesos para el plan y afrontar las nuevas cargas migratorias sin que a EU le suponga ningún gasto. Vale recordar que la UE y Turquía firmaron en 2016 un acuerdo de tercer país seguro para contener la migración siria con el apoyo de más de tres mil millones de euros para “proyectos” de acogida y solicitantes de asilo. México puede decir que el costo de una crisis por los aranceles representaría mucho más que esa cantidad y habría llevado al país a una crisis de imprevisibles consecuencias.

“Todo tiempo que se gane a Trump vale oro”, ha dicho Ebrard, porque sabe que la amenaza no ha desaparecido, y peor aún, que ha funcionado. ¿Cuál es el cupo de migrantes que debemos recibir de EU en la frontera norte y cuántos devueltos a Centroamérica por el sur para desactivar la intimidación de los males graves que anuncia el tiempo en 45 o 90 días? No está claro o no es público, y quizá queda a discreción de Trump. Si así fue, el país habría caído en una trampa de la que será difícil salir sin confrontación con el gobierno de EU.

 

López Obrador ha evitado a toda costa confrontarse con Trump y confía en que la contención y el avance en la ratificación del T-MEC servirá para cerrar su margen a la sanción arancelaria. Parece no querer ver que el acuerdo le permitió meterse hasta la cocina de la política interna e incidir directamente en la seguridad interior del país. ¿Esto inaugurará, más allá de la coyuntura migratoria, una nueva era en la relación con Estados Unidos?